Visión del mercado

La transitoriedad de la inflación

Los datos conocidos de inflación en EE.UU. han sorprendido a la baja. Es cierto que el sesgo era alcista pues venimos de una tendencia de marcado incremento en los precios de consumo, con titulares insistentes en la idea de cuellos de botella y escasez de producción, y con un fondo asentado en una mejora económica. 

El problema habitual es comparar datos y referir constantemente a lo esperado en lugar de la tendencia. ¿Son mejores los datos de inflación por estar por debajo de las estimaciones? Es un error habitual utilizar constantemente la vara de medir de lo que se espera, pero esto forma parte de la psicología inversora y es difícil de cambiar, por no decir imposible.

Que los precios suban y lo hagan con tendencia, tiene un impacto directo sobre nuestras decisiones de consumo. Adelantamos decisiones pensando que los precios seguirán alza. Es lo que se llama preferencia temporal de consumo, una de las bases sobre las que se asienta la teoria keynesiana imperante en el pensamiento económico occidental. 

Ese efecto de adelantar consumo equivale a tener menos paciencia por las decisiones futuras. Compramos un coche pensando antes de lo esperado ya que si esperamos un semestre, subirá de precio. Y esto se producirá ya que la subida de los carburantes llevará a encarecer el vehículo eléctrico o porque si hay escasez de semiconductores, y los fabricantes anuncian subidas de precio, los mayores costes se repercutirán en el precio final. 

La tendencia es lo más importante, siempre lo recalco. Pero lo que no puede quedar fuera del análisis es el hecho de que la subida de precio en la mayoría de bienes se «acumula», es decir, no hay una corrección. No pasamos de inflación a deflación. La economía no funciona así. 

Los precios de los alimentos (ver imagen adjunta) han subido en EE.UU. de forma consecutiva los últimos ocho meses. Comparado en términos anuales, es una subida del +3,7%. La energía lo ha hecho en un espectacular +25%. Si esos dos elementos suponen, digamos en términos medios, un 15% de la cesta de consumo representativa de un hogar estamos hablando de que nuestra capacidad de consumo se disminuye en un 2% aproximadamente. Esto significa que para poder mantener el consumo de una partida de gasto recurrente como es usar el vehículo para ir a trabajar o alimentarnos diariamente, supone rebajar en la misma proporción el consumo de otros bienes. Por ejemplo, nuestro presupuesto de salud o la cantidad de dinero que se destina a ropa y calzado, es previsible que se vea reducido.

La inflación es un impuesto indirecto. Y es dañina porque muchos bienes de consumo están fuertemente gravados, por lo que el efecto es doble. Es por ello que, para evitar una espiral inflacionista, los bancos centrales modulen su evolución encareciendo la disponibilidad del dinero, es decir, su precio. Por ello suben los tipos de interés. La cuestión es que cuando el crecimiento no es tan robusto o adolece de la consistencia deseada, subir tipos es peor solución que dejar flotar la inflación para que se «auto corrija». Es entonces cuando aparecen en el horizonte términos como estanflación. 

El gran riesgo de las economías desarrolladas, Europa y EE.UU. esencialmente, es que la inflación y la amenaza de tipos mayores drene el crecimiento económico. Esta frase es para tatuarla: «Europa no está preparada para una subida de tipos ni para retirar estímulos».

Las dos economías vienen de un rebote, un efecto ilusorio que se está comprobando que no tiene nada de saludable. Para que sea creíble se necesita ver las condiciones de crecimiento de 2022 y pensar que 2021 es un año, dado por bueno, pero transitorio. Igual que lo fue por lo excepcional 2020. 

Los mercados no conjugan bien estos escenarios. La visibilidad se reduce, los inversores empiezan a dislocar las estrategias (hemos visto una vuelta espectacular del ratio growth to value y caídas en la economía china y los índices emergentes, cuando los condicionantes eran favorables para esta apuesta a principios de año). Todo esto oscurece el panorama a corto plazo y propicia escenarios muy difíciles de jugar con un elevado nivel de riesgo.

Percent changes in CPI

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